viernes, 26 de junio de 2009

Se posterga la desestabilización imperial contra Irán



por: Basen Tajeldine

Voces Contra el Imperio

PARTE II


Innumerables revelaciones demuestran nuestra afirmación. Paul Craig Roberts, de Global Research, nos revela en su artículo lo siguiente:“el neoconservador Kenneth Timmerman escribió el día antes de la elección que “se habla de una ‘revolución verde’ en Teherán.” ¿Cómo iba a saberlo Timmerman a menos que haya habido un plan orquestado? ¿Por qué iba a haber una ‘revolución verde’ preparada antes de la elección, especialmente si Mousavi y sus partidarios tenían tanta confianza en su victoria como afirman? Parece ser una evidencia clara de que EE.UU. está involucrado en las protestas por la elección (...) la “Fundación Nacional para la Democracia” (NED) ha gastado millones de dólares promoviendo revoluciones ‘de color’… Parte de ese dinero parece haber llegado a manos de grupos favorables a Mousavi, que tienen vínculos con organizaciones no gubernamentales fuera de Irán, financiadas por la NED.” El día 29 de junio de 2008, Seymour Hersh informó en New Yorker que: “A fines del año pasado, el Congreso aceptó un pedido del presidente Bush de financiar una importante escalada de las operaciones clandestinas contra Irán, según fuentes actuales y antiguas militares, de inteligencia y del Congreso”. Por otro lado, el Telegraph (otro medio de comunicación norteamericano) había informado el 16 de mayo de 2007, que el belicista neoconservador del gobierno de Bush, John Bolton, reveló a ese mismo medio que: “un ataque militar de EE.UU. sería “una última opción después de que hayan fracasado las sanciones económicas y los intentos de fomentar una revolución popular”. La mentira siempre desmentida necesita de cómplices. La verdad siempre ocultada, aparece.

Decia Marx que “la historia de la humanidad es la lucha de clases”. Irán vuelve nuevamente a hacer andar las ruedas de su historia. La lucha de clases se intensifica en ese país. Los campesinos, trabajadores y obreros, los desempleados y el pueblo humilde en general han visto representados sus intereses en la figura de Mahmoud Ahmadineyad, mientras que la clase media occidentalizada y la burguesía iraní son representados en la figura de Hosein Mosavi, el candidato de occidente. El aplastante triunfo de Ahmadineyad con más del 63% de ventaja sobre el candidato opositor Musaví fue la victoria popular de las mayorías.

Según el sociólogo norteamericano James Petras, en su artículo titulado: Las elecciones iraníes: el timo del robo electoral, y publicado el día 21-06-2009, dice:“Ahmadineyad obtuvo buenos resultados en las provincias petroleras y de la industria petroquímica, lo que podría ser un reflejo de la oposición de los trabajadores de esta industria al programa reformista, que incluye la privatización de empresas públicas. Del mismo modo, el presidente tuvo buenos resultados en las provincias fronterizas con su énfasis en el reforzamiento de la seguridad nacional ante las amenazas estadounidenses e israelíes, a la vista de una escalada de ataques terroristas patrocinados por Estados Unidos a partir de Pakistán, y de incursiones israelíes desde el Kurdistán iraquí, que han matado a docenas de ciudadanos iraníes (...) La gran mayoría de votantes de Ahmadineyad probablemente pensaron que los intereses de seguridad nacional, la integridad del país y el sistema de seguridad social, con todos sus defectos y excesos, estarían mejor defendidos y mejorarían con éste, que con unos tecnócratas de clase alta apoyados por una juventud privilegiada pro occidental, que anteponen los estilos de vida individuales a los valores comunitarios y la solidaridad. Para muchos iraníes, el rearme militar del régimen es visto como lo que impide un ataque estadounidense o israelí.”

La revolución iraní está obligada por las circunstancia a definirse cada vez más en favor de las clases más desasistidas y la clase trabajadora de su pueblo. Esto implicaría al gobierno de Ahmadineyad en la tarea inaplazable de profundizar en los planteamientos nacionalistas y progresistas de la revolución iraní; profundizar en la igualdad y en la justicia social, rompiendo definitivamente con la absurda antinomia que mezcla a “burguesía” con “nacionalismo”.

El gobierno progresista y nacionalista de Ahmadineyad atraviesa por una encrucijada que lo obliga a definiciones más radicales. La crisis mundial del capitalismo también influye para ello. O se ajusta el timón político y económico de Irán rumbo a la construcción de un socialismo propio que asuma las particularidades de su sociedad y cultura, o sucumbe la revolución iraní a los bastardos intereses de su propio engendro: cáncer burgués y sus nuevos amos imperialistas.

Mientras las operaciones encubiertas del MOSSAD y la CIA continuan, la desestabilización imperial contra Irán queda postergada por un corto tiempo.